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Publicado por Alejandra Zarate en 11 mayo, 2018
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Para muchos chilenos no basta con la oferta de viviendas nuevas. Buscan hogares bien ubicados, espaciosos, sólidos y con estilo, atributos que muchas veces no encuentran en lo que hoy se construye.

Quieren vivir en espacios amplios, con calidad constructiva, valor arquitectónico, terminaciones de materiales nobles y ubicaciones privilegiadas.

Un ejemplo es Miguel, quien compró un departamento de los años cuarenta en 2013. Ubicado en Lyon con Eliodoro Yáñez, tiene 100 m2 y tres dormitorios. El lugar es amplio y su dueño ha combinado en él su estilo y espacios originales con mobiliario y detalles actuales.

Un departamento de los años 30, 40 o 50 después de remodelar cuesta un 25% más que otro con los mismos metros cuadrados en el mismo sector, pero construido entre el 2000 y 2018.

Miguel agrega que su renovación tardó cerca de seis meses, y gastó en ella un 30% adicional sobre los $100 millones que desembolsó en la vivienda.

Sin embargo, Miguel recuperará su inversión al vender la propiedad, ya que cada vez son más quienes buscan este tipo de inmueble.

Y es que hoy, por $130 millones, no consigues nada de estas dimensiones y en Providencia.

Los costos de la remodelación

Miguel enumera los principales cambios, a medida que recorre cada espacio de su vivienda. Decidió raspar puertas y molduras para dejar a la vista la madera original, lo que tardó un par de meses, ya que debe ser hecho a mano. Consiguió un especialista que dejó los cerrojos como nuevos.

Las ventanas fueron cambiadas para incorporar vidrios que insonorizan y controlan la temperatura, manteniendo sus proporciones originales. El piso de raulí fue pulido y las tablas en mal estado reemplazadas de forma que no se notara la diferencia. Lo mismo con persianas y los guardapolvos. También instaló calefacción eléctrica en los cielos del departamento.

Las modificaciones más radicales están en la cocina y los baños, ahora totalmente actuales. Estos cambios y otros, como el re-destino de la pieza de servicio y la renovación del sistema eléctrico, son comunes en estas remodelaciones.

El propietario explica que eligió el departamento por su estética y sus detalles, que para él van más allá de las ventajas objetivas de espacios y materialidad que posee el lugar.

“Es una cuestión de gusto, de sentirse agradado en un lugar físico. Tiene que ver con una historia, con la forma en que se hicieron las cosas en aquel momento. Hay algo lindo en esto”, dice.

Una dificultad que enfrentan quienes compran un inmueble antiguo es el crédito. El banco tasa el departamento a un precio que no mide realmente lo que vale.

Miguel critica la falta de apoyo oficial a esta forma de defensa del patrimonio. Por ejemplo, acusa que Providencia hizo más difícil vivir en edificios como éste cuando decidió eliminar los estacionamientos en la calle. Y edificios como este no consideraban tantos estacionamientos propios como se necesitan hoy.

Un mercado con nuevos competidores

Los clientes típicos para este tipo de propiedades tienen entre 30 y 45 años, y a lo más con uno o dos hijos en el caso de los departamentos, mientras para las casas se sitúan en un rango 10 años mayor y con familias formadas.

Todos ellos buscan la recuperación de los barrios y la posibilidad de revivir las propiedades de una forma moderna y acorde a las necesidades actuales.

Entre los barrios predilectos de Santiago para encontrar propiedades para la restauración están El Arrayán, algunos sectores de Vitacura, y el barrio Yungay. En regiones, por ejemplo, una zona donde existen viviendas similares es Valparaíso y Cachagua.

Fuente: El Mercurio

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